viernes, 14 de septiembre de 2012

Tocado

Hoy precisamente no. No encuentro la calma, pese a lo impasible de mi rostro. Me muevo despacio y retardado como alma en pena por mi casa, pero mi corazón se agita. Todo el hoy es una duda.
La duda de qué haré cuando mis allegados continúen sus vidas lejos de donde vivo. Evidentemente, continuaré yo con la mía, pero ¿y ese momento de charlar bajo la sombra de un árbol? El teclado no es lo mismo que miraros a la cara, que ver vuestras muecas, que reír por cualquier tontería, respirar y decir "¡og!".  Y decía muy convencido que ocuparía mi tiempo estudiando y centrándome en mí, y lo haré, pero me gusta más la idea de centrarme en mí sabiendo que en cualquier momento puedo echar mano de alguien, aunque sólo sea para sentarnos a fumar. Alguien a quien contarle lo que he hecho en el día por insignificante que parezca, que me escuche aunque no le importe.
La duda de qué hago con aquello que fue tan importante en su día. ¿Debo hacer algo o me tengo que limitar a esperar como siempre? Me ahoga el esperar qué pasará. Y no deseo saberlo pero ¿Qué pasará? ¿Qué será de cada uno de nosotros? Me pareció, un día, muy oportuna la frase de que en la vida entran y salen personas, pero hoy me parece inaguantable la idea de que salgan así sin más. Me deshago en llanto con tan solo pensarlo. De nuevo el tiempo y su particular forma de quebrarme el alma.
Todo el día triste, pensando en el mañana y preocupándome el hoy, con toda la impotencia de cuando se intenta huir en un sueño sabiendo que esto de sueño no tiene nada.

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