Las turbulentas aguas que a ambas rodeaban hace tiempo se volvieron de un momento a otro cistalinas y mansas. Gozaban de la etapa de su relación: compenetración 100%; confianza; amistad; tiempo para ellas... Pero el verano traía consigo una sorpresa, la cual iba a ser - para una - una experiencia maravillosa y para otra una lucha contra la ausencia en el día a día.
Acostrumbadas a verse todos los días, a convivir, a disfrutar cada una de la otra, ahora debían separarse y esperar. Unos cuantos de kilómetros la separaban, pero su fuerte vínculo atravesaba mar y tierra y sus mentes no dejaban de pensar la una en la otra. Tanto es así que era irremediable a veces que la lágrima escapara cuando la aplastante realidad se cernía sobre el anhelo de verla por Jerez. Un casco blanco; el cigarro de después de comer; el beso de antes de despedirse. Más que unidas estaban fusionadas. Por ello cualquier vivencia la una sin la otra parecía quedar a la mitad.
Pero los segundos marchan, y con ellos los días - los 16 que quedaban - pasarán hasta que las dos os veáis de nuevo, os abracéis fuerte y os digaís: te he echado de menos.
Mostrando entradas con la etiqueta Histories. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Histories. Mostrar todas las entradas
sábado, 13 de agosto de 2011
sábado, 18 de diciembre de 2010
Uno de tantos
Desde el suelo hacia el techo va rebotando el silencio en aquella casa en la que parecía haber alguien... alguien sin importancia, una silueta más que se difumina entre el gentío y la muchedumbre. Vaga, vaga hasta conseguir que el resplandor de las llamas, esas tan a conciencia plantadas en el candelabro, te alumbren y calienten. Bebe un poco de agua para aliviar el agobio que te produce el nudo de tu garganta, esa maltrecha de lanzar voces al vacío, aquella que el viento no pudo escuchar más por ser débil y parecer exhausta. No creas que por brotar de tus ojos cuajados zafiros vendrá antes a acompañarte. Ya es tarde y aún no ha llegado. Das un trago más y decides sentarte, te miras en el reflejo de la ventana mientras los truenos y la incesante lluvia parece burlarse de ti. El sueño finalmente acaba por vencerte, pero al poco un ruido te despierta. Sobresaltado abres los ojos... pero ahí sigue tal cual estaba todo, nada se ha movido. Cierras de nuevo los ojos y piensas, no importa en qué, solo piensas...
86 años era la edad que hoy cumplías, habías preparado algún plato más que el tuyo, habías comprado ese mantel para este día, pero nadie fue a estrenarlo contigo, sentado en tu butaca te ibas tragando las horas a la vez que se enfriaba la comida y al candelabro se le derretían las velas.
Si por ti hubiera sido, ese día te hubieras dormido mucho antes de lo normal con tal de que al despertar volviera a ser sólo un día más...
domingo, 29 de agosto de 2010
Extraño en la noche
Esa mañana el cielo estaba tan turbio como las ideas que desde hacia tiempo tenía en mente. Ese sería el dia en el que culminaría sus planes...
Todos lo conocían como un hombre bastante normal, saludaba cuando se encontraba con algún vecino, hacía las compras una vez por semana, era un buen cliente del videoclub. Joe era un hombre de estatura media, piel pálida, ojos marrones, pero corto y de constitución robusta. Nadie aparentemente tenía nada contra él pero sí se comentaba sobre algunas costumbres que tenía.
Joe salía de su casa los miércoles a altas horas de la madrugada, caminaba y caminaba hasta llegar aun parque a dos kilómetros aproximadamente de su casa. cuando llegaba al parque le daba tres vueltas a la fuente con las manos fuera de los bolsillos moviendo los dedos, luego se sentaba en un banco y aprovechando la escasa luz de la farola apuntaba algo en un cuaderno. Ese mismo ritual lo repetía cada miércoles, siempre con la misma ropa, siempre el mismo paruqe, siempre las tres vueltas... Uno de esos miércoles Joe se diponía a hacer lo que por costumbre hacía pero cuando terminó de dar las vueltas observó que había alguien en el banco dónde él escribía. No hizo nada al respecto, se quedó de pie mirando fijamente al individuo del banco como si de otro árbol se tratase. Esa situación empezó a incomodar a Jimmy, el chico que estaba sentado en el banco, y decidió marcharse. Se levantó y pensó que para llegar a su casa debía pasar cerca de Joe, cosa que no dudó un segundo. Poco a poco Jimmy se fue acercando a Joe, que lo seguía mirando fijamente. Cuando pasó a su altura notó que éste seguía moviendo los dedos de las manos. Le pareció un hombre extraño pero no le dio más importancia hasta que miró hacia atrás y Joe seguía con su vista clavada en él. Durante unos días después Jimmy no podía quitarse de la cabeza a ese inquietante hombre que tanto le miraba, sentía curiosidad por saber quién era así que preguntó a algunos amigo y sólo pudieron contarle la costumbre que Joe tenía los miércoles. Esto inquietó aun más a Jimmy hasta tal punto de querer saber quién era, qué hacía, qué quería...
El siguiente miércoles fue un día muy frío, la humedad en las hojas de los árboles se había hecho escarcha y la luna jugaba tímida a esconderse tras las nubes. Esta vez Jimmy no se sentó en el banco. Buscó un sitio en el parque que estuviera oscuro para poder observar a Joe. Puntual como un reloj Joe llegó al parque y después de las tres vueltas a la fuente se sentó en el banco. Todo parecía desarrollarse como siempre pero no esta vez no escribió nada. Permaneció sentado en el banco menos tiempo del que acostumbraba y al irse dejó un pequeño trozo de papel. Jimmy fue corriendo al banco antes de que el viento se llevara el papel, lo abrió y vio una secuencia de números... 10-9-13-13-26. Jimmy se quedó perplejo al encontrase eso escrito. ¿Sería un número de teléfono? ¿Una especie de acertijo? fuese lo que fuese jimmy cada día se sentía más atraído por saber quién era ese hombre, pero tendría que esperar al siguiente miércoles para obtener más información.
Y llegó la noche del miércoles... Jimmy estaba de nuevo escondido, viendo que hacía esta vez Joe, para su sopresa, no dio las tres vueltas a la fuente, fue directamente al banco y dejó otra nota, esta tenía más contenido que la otra; "Avenida 4ª nº 78 Joe Brown [A1B2]". Jiimy cogió su coche de inmediato y fue a la dirección que Joe había marcado. Cuando llegó dudó de si entrar en el edificio o no, tenía ante sus ojos una residencia psiquiátrica, pero pensó en que si Joe le había mandado allí, sería por algo. Entró y pregunto a Joe Brown. La recepcionista buscó en el ordenador, miró a Jimmy extrañada y llamó por por teléfono. A los dos minutos el director del psiquiátrico estaba allí invitando a Jimmy a su despacho.
- ¿Qué interés tiene usted sobre Brown?
Jimmy era un chico inteligente e intuyó que si le contaba el por qué había acudido allí, no le darían información.
- Querría saber qué relación tiene con este lugar, hace poco me enteré de que era familiar mío.
- Joe Brown fue paciente de este centro psiquiátrico durante ocho años, llegó por traslado de otra residencia en la que no había medios para tratarlo. Lo recuerdo muy bien, por que no tenía ninguna similitud con los pacientes de auí en cuanto a su enfermedad. Mira chico, aquí la mayoría de los que llegan lo hacen dormidos o en camisas de fuerza, pero Joe no. Él llego andando traquilamente, no parecía tener problemas... pero los tenía. Joe presentaba cuadros psicóticos obsesivo compulsivo, trastorno de la personalidad y esquizofrenia. Pero lo extraordinario era que esos problemas salían a la luz en esporádicas ocasiones y cuando lo hacía se volvía un persona muy violenta que decía cosas sin sentido, cambiando la voz...
- ¿Qué pasó con él?
- Escapó...
Jimmy ya sabía quién era pero no qué quería. Todavía quedaba por descrifar una cosa... los números. Mirando la segunda nota reflexionó sobre qué podría ser eso de A1B2. Sin saber a dónde iba a llegar escribió el abecedaro del mismo modo que Joe había comenzado la secuencia. Una vez terminado cogió la primera nota y escribió debajo de cada númeo la letra que correspndía... "10-J 9-I 13-M 13-M 26-Y" Era su nombre, ¿qué podía querer de él un loco? Esperó de nuevo al miércoles para ver a ese hombre, esta vez estaba más asustado, sabía a lo que se enfrentaba. agazapado entre los arbustos esperaba intranquilo a que Joe apareciera, se estaba retrasando más de lo normal, la espera empezaba a angustiarle. Cuando cansado de esperar se levantó y emprendió el paso, una mano que agaraba un pañuelo impregnado en cloroformo le agarró fuertemente la caeza hacíéndole respirar del pañuelo. Jimmy quedó dormido. Cuando despertó estaba atado a una silla situada en el centro de una habitación acolchada. Las paredes eran blancas y en ellas Joe escribía todo lo que sus voces le decían. La habitación estaba hundida en el más profundo silencio. De repente Joe entró por la puerta;
- Entonces, ¿tú eres Jimmy? ¿No me he equivocado verdad?
- Sí, soy yo ¿qué quieres de mi?
Joe miró con desprecio a Jimmy mientras movía la cabeza de lado a lado como si estuviera decepcionado con él.
- ¿Qué quieres de mi? ¿Qué quieres de ti? ¿Qué quiero de mi? ¡Preguntas absurdas que no llevan ningún lado!
- ¿Quién eres?
- ¿A caso no te lo han dicho ya? Soy joe Brown- dos segundos de silencio, una sonrisa desencajada y una voz extravagante- el loco... el más loco de todos los locos.
- ¿Por qué me tienes aquí maniattado?
- No se, así me apetecía y así lo he hecho. ¿No estás conforme ?
- ...
- Aprovecha ahora que puedes hablar, a ver si logras convencerme para que no te haga nada.
- Ahora, ¿estás en esos momentos de locura o me habla el Joe cuerdo?
- Adivínalo por tí mismo...
Joe abrió la puerta y salió de la habitación. Jimmy era consciente de su inestable situación. Se encontraba a merced de alguien que no era normal, alguien que podía hacer con él lo que quisiera. De repente Joe abrió la puerta con agresividad cargando un maletín de cuero blanco.
- Jimmy, hay algo en mi que no quiere hacerte daño pero... ¡Se me acabaron las pastillaas! Jajajaja. Te dige que aprovecharas esa cpacidad tan bella de hablar... ¿Lo hiciste?
- Estoy encerrado aquí sólo, ¿con quién quieres que hable?
- Con tus voces... ¿No tienes voces?
- Yo no tengo de eso, no soy como tú.
- Mala suerte! ...
En ese momento Joe se acercó a Jimmy y le susurró algo que nunca olvidaría "mis voces te han elegido". Ninguna palabra sonó más en esa habitación. Joe agarró a Jimmy por la cabeza y cogió cuatro puntiagudas agujas del maletín.
- Mira bien mi cara, luego quizás no puedas ver más...
Inmovilizó la cabeza de Jimmy y clavó dos agujas en cada párpado. Jimmy gritaba desesperadamente mientras Joe empujaba las agujas hasta quedar a ras de la piel. Jimmy gritaba e insultaba a Joe mientras éste reía diciendo:
- ¿Las sientes? Es como acupuntura pero sin fines terapéuticos.
Joe buscó de nuevo en el maletín. Esta vez sacó diez agujas un poco más gruesas que las otras y atravesó cada uña de Jimmy. Una por una fue clavando las agujas en los dedos.
- ¿Escalofríos?
Jimmy jadeaba y lloraba, no podía abrir los ojos, los dedos le quemaban. Se arrepintió mil veces de haberse interesado por el extraño hombre del parque.
- ¿Te han contado alguna vez para qué sirve un cúter? yo le he encontrado nuevas utilidades.
Joe acercó su cara aJimmy, sus alientos se confundían en un mismo espacio, sus narices estaban pegadas. Joe agarró delicadamente el cuello de Jimmy y con la situleza del reptar de una serpiente pasó su lengua por sus labios... éste le respondió escupiéndole.
- Sólo quería provocarte un poco de... asco!!
Se puso detrás de Jimmy y con la mano derecha le agarraba el labio a la vez que le tiraba hacia atrás hincándole las uñas. El corazón de Jimmy empezó a latir a destiempo cuando escuchó la hoja del cúter salir del mango. joe tiraba con fuerza del labio, se había descontrolado. Hizo un preciso corte en la encía superior de Jimmy, de lado a lado. Después se colocó enfrente y le desgajó la ropa. Le dejó completamente desnudo. Volvió a buscar en el maletín para sacar dos enormesc clavos de unos siete centímetros cada uno y un martillo.Por el cuerpo de Jimmy corría la sangre libremente, manchando el suelo, la silla y las manos de Joe. Se quedó un tiempo observando la agonía de Jimmy que estaba ya aturdido. Cogió uno de los clavos y pasó la punta por el cuerpo de Jimmy, desde la frente hasta los pies.
- Dímelo tú... ¿dónde?
Jimmy gemía, el miedo le invadía, el dolor que sentía en ojos, dedos y boca era insoportable. Deseaba que la tortura acabara ya pero él no podía hacer nada.
- Bueno, ya que no me proporcionas ideas, tendré que pensarlo yo. Vamos a ver, tengo dos clavos, el cuerpo humano es simétrico entonces, tengo que clavarlos en un lugar dónde no sea mortal y dónde no te haya hecho nada.
Agarró los pies de Jimmy y acarició sus piernas hacia arriba hasta que llego a la ingle. Apretó con el dedo pulgar y notó un tendón y dos huecos, arriba y abajo.
- Abajo!!!- gritó Joe a la vez que clavaba ferozmente los dos clavos en la ingle a Jimmy.
Rápidamente agarró un cuchillo de cocina del maletín y a la vez que gritaba- Uno maaaaaas!!!- se lo atravesó por el ombligo y empujó hasta arriba hasta chocar con el esternón. Lo dejó clavado.
Jimmy murió de una forma cruel a manos de un loco que desde ese día da una vuelta más a la fuente del parque.
Todos lo conocían como un hombre bastante normal, saludaba cuando se encontraba con algún vecino, hacía las compras una vez por semana, era un buen cliente del videoclub. Joe era un hombre de estatura media, piel pálida, ojos marrones, pero corto y de constitución robusta. Nadie aparentemente tenía nada contra él pero sí se comentaba sobre algunas costumbres que tenía.
Joe salía de su casa los miércoles a altas horas de la madrugada, caminaba y caminaba hasta llegar aun parque a dos kilómetros aproximadamente de su casa. cuando llegaba al parque le daba tres vueltas a la fuente con las manos fuera de los bolsillos moviendo los dedos, luego se sentaba en un banco y aprovechando la escasa luz de la farola apuntaba algo en un cuaderno. Ese mismo ritual lo repetía cada miércoles, siempre con la misma ropa, siempre el mismo paruqe, siempre las tres vueltas... Uno de esos miércoles Joe se diponía a hacer lo que por costumbre hacía pero cuando terminó de dar las vueltas observó que había alguien en el banco dónde él escribía. No hizo nada al respecto, se quedó de pie mirando fijamente al individuo del banco como si de otro árbol se tratase. Esa situación empezó a incomodar a Jimmy, el chico que estaba sentado en el banco, y decidió marcharse. Se levantó y pensó que para llegar a su casa debía pasar cerca de Joe, cosa que no dudó un segundo. Poco a poco Jimmy se fue acercando a Joe, que lo seguía mirando fijamente. Cuando pasó a su altura notó que éste seguía moviendo los dedos de las manos. Le pareció un hombre extraño pero no le dio más importancia hasta que miró hacia atrás y Joe seguía con su vista clavada en él. Durante unos días después Jimmy no podía quitarse de la cabeza a ese inquietante hombre que tanto le miraba, sentía curiosidad por saber quién era así que preguntó a algunos amigo y sólo pudieron contarle la costumbre que Joe tenía los miércoles. Esto inquietó aun más a Jimmy hasta tal punto de querer saber quién era, qué hacía, qué quería...
El siguiente miércoles fue un día muy frío, la humedad en las hojas de los árboles se había hecho escarcha y la luna jugaba tímida a esconderse tras las nubes. Esta vez Jimmy no se sentó en el banco. Buscó un sitio en el parque que estuviera oscuro para poder observar a Joe. Puntual como un reloj Joe llegó al parque y después de las tres vueltas a la fuente se sentó en el banco. Todo parecía desarrollarse como siempre pero no esta vez no escribió nada. Permaneció sentado en el banco menos tiempo del que acostumbraba y al irse dejó un pequeño trozo de papel. Jimmy fue corriendo al banco antes de que el viento se llevara el papel, lo abrió y vio una secuencia de números... 10-9-13-13-26. Jimmy se quedó perplejo al encontrase eso escrito. ¿Sería un número de teléfono? ¿Una especie de acertijo? fuese lo que fuese jimmy cada día se sentía más atraído por saber quién era ese hombre, pero tendría que esperar al siguiente miércoles para obtener más información.
Y llegó la noche del miércoles... Jimmy estaba de nuevo escondido, viendo que hacía esta vez Joe, para su sopresa, no dio las tres vueltas a la fuente, fue directamente al banco y dejó otra nota, esta tenía más contenido que la otra; "Avenida 4ª nº 78 Joe Brown [A1B2]". Jiimy cogió su coche de inmediato y fue a la dirección que Joe había marcado. Cuando llegó dudó de si entrar en el edificio o no, tenía ante sus ojos una residencia psiquiátrica, pero pensó en que si Joe le había mandado allí, sería por algo. Entró y pregunto a Joe Brown. La recepcionista buscó en el ordenador, miró a Jimmy extrañada y llamó por por teléfono. A los dos minutos el director del psiquiátrico estaba allí invitando a Jimmy a su despacho.
- ¿Qué interés tiene usted sobre Brown?
Jimmy era un chico inteligente e intuyó que si le contaba el por qué había acudido allí, no le darían información.
- Querría saber qué relación tiene con este lugar, hace poco me enteré de que era familiar mío.
- Joe Brown fue paciente de este centro psiquiátrico durante ocho años, llegó por traslado de otra residencia en la que no había medios para tratarlo. Lo recuerdo muy bien, por que no tenía ninguna similitud con los pacientes de auí en cuanto a su enfermedad. Mira chico, aquí la mayoría de los que llegan lo hacen dormidos o en camisas de fuerza, pero Joe no. Él llego andando traquilamente, no parecía tener problemas... pero los tenía. Joe presentaba cuadros psicóticos obsesivo compulsivo, trastorno de la personalidad y esquizofrenia. Pero lo extraordinario era que esos problemas salían a la luz en esporádicas ocasiones y cuando lo hacía se volvía un persona muy violenta que decía cosas sin sentido, cambiando la voz...
- ¿Qué pasó con él?
- Escapó...
Jimmy ya sabía quién era pero no qué quería. Todavía quedaba por descrifar una cosa... los números. Mirando la segunda nota reflexionó sobre qué podría ser eso de A1B2. Sin saber a dónde iba a llegar escribió el abecedaro del mismo modo que Joe había comenzado la secuencia. Una vez terminado cogió la primera nota y escribió debajo de cada númeo la letra que correspndía... "10-J 9-I 13-M 13-M 26-Y" Era su nombre, ¿qué podía querer de él un loco? Esperó de nuevo al miércoles para ver a ese hombre, esta vez estaba más asustado, sabía a lo que se enfrentaba. agazapado entre los arbustos esperaba intranquilo a que Joe apareciera, se estaba retrasando más de lo normal, la espera empezaba a angustiarle. Cuando cansado de esperar se levantó y emprendió el paso, una mano que agaraba un pañuelo impregnado en cloroformo le agarró fuertemente la caeza hacíéndole respirar del pañuelo. Jimmy quedó dormido. Cuando despertó estaba atado a una silla situada en el centro de una habitación acolchada. Las paredes eran blancas y en ellas Joe escribía todo lo que sus voces le decían. La habitación estaba hundida en el más profundo silencio. De repente Joe entró por la puerta;
- Entonces, ¿tú eres Jimmy? ¿No me he equivocado verdad?
- Sí, soy yo ¿qué quieres de mi?
Joe miró con desprecio a Jimmy mientras movía la cabeza de lado a lado como si estuviera decepcionado con él.
- ¿Qué quieres de mi? ¿Qué quieres de ti? ¿Qué quiero de mi? ¡Preguntas absurdas que no llevan ningún lado!
- ¿Quién eres?
- ¿A caso no te lo han dicho ya? Soy joe Brown- dos segundos de silencio, una sonrisa desencajada y una voz extravagante- el loco... el más loco de todos los locos.
- ¿Por qué me tienes aquí maniattado?
- No se, así me apetecía y así lo he hecho. ¿No estás conforme ?
- ...
- Aprovecha ahora que puedes hablar, a ver si logras convencerme para que no te haga nada.
- Ahora, ¿estás en esos momentos de locura o me habla el Joe cuerdo?
- Adivínalo por tí mismo...
Joe abrió la puerta y salió de la habitación. Jimmy era consciente de su inestable situación. Se encontraba a merced de alguien que no era normal, alguien que podía hacer con él lo que quisiera. De repente Joe abrió la puerta con agresividad cargando un maletín de cuero blanco.
- Jimmy, hay algo en mi que no quiere hacerte daño pero... ¡Se me acabaron las pastillaas! Jajajaja. Te dige que aprovecharas esa cpacidad tan bella de hablar... ¿Lo hiciste?
- Estoy encerrado aquí sólo, ¿con quién quieres que hable?
- Con tus voces... ¿No tienes voces?
- Yo no tengo de eso, no soy como tú.
- Mala suerte! ...
En ese momento Joe se acercó a Jimmy y le susurró algo que nunca olvidaría "mis voces te han elegido". Ninguna palabra sonó más en esa habitación. Joe agarró a Jimmy por la cabeza y cogió cuatro puntiagudas agujas del maletín.
- Mira bien mi cara, luego quizás no puedas ver más...
Inmovilizó la cabeza de Jimmy y clavó dos agujas en cada párpado. Jimmy gritaba desesperadamente mientras Joe empujaba las agujas hasta quedar a ras de la piel. Jimmy gritaba e insultaba a Joe mientras éste reía diciendo:
- ¿Las sientes? Es como acupuntura pero sin fines terapéuticos.
Joe buscó de nuevo en el maletín. Esta vez sacó diez agujas un poco más gruesas que las otras y atravesó cada uña de Jimmy. Una por una fue clavando las agujas en los dedos.
- ¿Escalofríos?
Jimmy jadeaba y lloraba, no podía abrir los ojos, los dedos le quemaban. Se arrepintió mil veces de haberse interesado por el extraño hombre del parque.
- ¿Te han contado alguna vez para qué sirve un cúter? yo le he encontrado nuevas utilidades.
Joe acercó su cara aJimmy, sus alientos se confundían en un mismo espacio, sus narices estaban pegadas. Joe agarró delicadamente el cuello de Jimmy y con la situleza del reptar de una serpiente pasó su lengua por sus labios... éste le respondió escupiéndole.
- Sólo quería provocarte un poco de... asco!!
Se puso detrás de Jimmy y con la mano derecha le agarraba el labio a la vez que le tiraba hacia atrás hincándole las uñas. El corazón de Jimmy empezó a latir a destiempo cuando escuchó la hoja del cúter salir del mango. joe tiraba con fuerza del labio, se había descontrolado. Hizo un preciso corte en la encía superior de Jimmy, de lado a lado. Después se colocó enfrente y le desgajó la ropa. Le dejó completamente desnudo. Volvió a buscar en el maletín para sacar dos enormesc clavos de unos siete centímetros cada uno y un martillo.Por el cuerpo de Jimmy corría la sangre libremente, manchando el suelo, la silla y las manos de Joe. Se quedó un tiempo observando la agonía de Jimmy que estaba ya aturdido. Cogió uno de los clavos y pasó la punta por el cuerpo de Jimmy, desde la frente hasta los pies.
- Dímelo tú... ¿dónde?
Jimmy gemía, el miedo le invadía, el dolor que sentía en ojos, dedos y boca era insoportable. Deseaba que la tortura acabara ya pero él no podía hacer nada.
- Bueno, ya que no me proporcionas ideas, tendré que pensarlo yo. Vamos a ver, tengo dos clavos, el cuerpo humano es simétrico entonces, tengo que clavarlos en un lugar dónde no sea mortal y dónde no te haya hecho nada.
Agarró los pies de Jimmy y acarició sus piernas hacia arriba hasta que llego a la ingle. Apretó con el dedo pulgar y notó un tendón y dos huecos, arriba y abajo.
- Abajo!!!- gritó Joe a la vez que clavaba ferozmente los dos clavos en la ingle a Jimmy.
Rápidamente agarró un cuchillo de cocina del maletín y a la vez que gritaba- Uno maaaaaas!!!- se lo atravesó por el ombligo y empujó hasta arriba hasta chocar con el esternón. Lo dejó clavado.
Jimmy murió de una forma cruel a manos de un loco que desde ese día da una vuelta más a la fuente del parque.
sábado, 29 de mayo de 2010
Memorias, años y café
Hoy miré al cielo y me gustó lo que vi. Todo mantenía una equilibrada armonía. Las golondrinas hacían peripecias bordeando las esquinas de los edificios, las tórtolas iban de una palmera a otra, los gorriones adornaban el cielo con su diminuto tamaño y sus voces agudas.
Me acordé de aquel día en el que tumbadas sobre el césped, le inventábamos forma a las nubes. La brisa que hoy corría por las calles era la misma. La misma que mecía las cadenas del columpio que tanto hacía reír a los niños. Pero el tambaleo del columpio no suena igual que antaño, ahora chirría igual que chirrían nuestros huesos. La nieve cubrió nuestras cumbres y dejó atrás el soplo de vida que nos prometimos, los niños ya no ríen en el columpio, ni siquiera el columpio ríe. Se estropeó igual que nos estamos estropeando nosotras.
Querida, tuvimos las rosas a mano y las arrancamos todas creyendo que así iban a durar más, ahora sólo nos quedan las espinas duras de lo que fue flor encendida. Nuestras manos hablan por nosotras, cada arruga, cada corte... El café de las ocho siempre nos sentará igual de bien, después de todo hay cosas que no cambian.
viernes, 19 de marzo de 2010
Una vida entre otras muchas.
Una niña nació por aquellos tiempos en los que la gente no podía más que soñar y pocos eran los que tenían la valentía de enfrentarse a la realidad. Una niña que si hubiera tenido la oportunidad de estudiar, bien le hubiera sido merecido el título de "vividora de la vida". La niña creció con pocas amigas y poco a poco fue forjándose en ella un espíritu luchador que combinado con los años le dio la característica de distinguir lo verdaderamente importante de lo superfluo.
A una temprana edad conoció al que se iba a convertir en el hombre de su vida. Con él, aprendió lo que significaba la palabra amor y más tarde lo que era la palabra familia. Condicionada la mayor parte de su adolescencia por su incomprensible madre y pocas veces reconocido su sacrificio. Se casó una mañana de verano de una manera discreta y un vestido sencillo y tiempo después, dio a luz a su primer hijo.
Su vida parecía tranquila y normal cuando, de manera espontánea, se vio truncada por la enfermedad que le vino a aparecer a su niño cuando a penas tenía los dos años. Esa fue una de las aflicciones más grandes que su corazón sintió. Ella no sabía qué podía hacer para que su hijo se pusiera bueno y las expectativas que los médicos le daban no eran nada alentadoras. Un día alguien, le hizo la fabulosa recomendación, la de visitar a unos médicos especialistas en lo que el niño padecía. Sin pensarlo acudió a esos médicos con la esperanza puesta en que le dieran mejores posibilidades de curar al niño.... y así fue. El único inconveniente fue que las mejoras tardarían...y efectivamente tardaron... dos años para ser exactos, dos largos años llenos de cuidados de compañía y de mil formas de distintas de sobrellevar el atropello del tiempo. Finalmente lo consiguió y su niño creció con normalidad.
Un tiempo más tarde, a su marido acudieron los demonios de la mente, esos demonios de los que algunos escapan gloriosos, otros no y sólo a algunos se les hacen las "visitas" más intermitentes. Otro golpe más a su delicado corazón. Otro golpe más dejando heridas abiertas que esperan ser llenadas de polvo y expectantes para aprovechar la más mínima ráfaga de viento que levante el polvo para así poder infligir dolor de nuevo. Un corazón con numerosas tiritas, sanando cada una de las heridas. Un corazón multiplicado por la mitad, y al mando de sus propio latidos, preparados para lo que todavía quedaba....
A una temprana edad conoció al que se iba a convertir en el hombre de su vida. Con él, aprendió lo que significaba la palabra amor y más tarde lo que era la palabra familia. Condicionada la mayor parte de su adolescencia por su incomprensible madre y pocas veces reconocido su sacrificio. Se casó una mañana de verano de una manera discreta y un vestido sencillo y tiempo después, dio a luz a su primer hijo.
Su vida parecía tranquila y normal cuando, de manera espontánea, se vio truncada por la enfermedad que le vino a aparecer a su niño cuando a penas tenía los dos años. Esa fue una de las aflicciones más grandes que su corazón sintió. Ella no sabía qué podía hacer para que su hijo se pusiera bueno y las expectativas que los médicos le daban no eran nada alentadoras. Un día alguien, le hizo la fabulosa recomendación, la de visitar a unos médicos especialistas en lo que el niño padecía. Sin pensarlo acudió a esos médicos con la esperanza puesta en que le dieran mejores posibilidades de curar al niño.... y así fue. El único inconveniente fue que las mejoras tardarían...y efectivamente tardaron... dos años para ser exactos, dos largos años llenos de cuidados de compañía y de mil formas de distintas de sobrellevar el atropello del tiempo. Finalmente lo consiguió y su niño creció con normalidad.
Un tiempo más tarde, a su marido acudieron los demonios de la mente, esos demonios de los que algunos escapan gloriosos, otros no y sólo a algunos se les hacen las "visitas" más intermitentes. Otro golpe más a su delicado corazón. Otro golpe más dejando heridas abiertas que esperan ser llenadas de polvo y expectantes para aprovechar la más mínima ráfaga de viento que levante el polvo para así poder infligir dolor de nuevo. Un corazón con numerosas tiritas, sanando cada una de las heridas. Un corazón multiplicado por la mitad, y al mando de sus propio latidos, preparados para lo que todavía quedaba....
miércoles, 3 de marzo de 2010
Inesperado
Su corazón lleno de mugre cambió el ritmo de sus latidos cuando recibió su llamada. Con voz apagada le pidió que fuera a su casa. Ella, extrañada, no se lo pensó un instante, cogió el paraguas, metió calcetines en el bolso por si se le mojaban los pies y emprendió el camino hacía su casa. Saltando charcos pudo llegar medio seca. Una vez en el porche, llamó al timbre dos veces y nadie le abría la puerta. Se encendió un cigarro para apaciguar la espera. Llovía fuerte y sus ánimos se estampaban contra el suelo igual que lo hacían las gotas que veía caer sin cesar. No tenía ninguna intención de salir ese día, sin embargo solo le hicieron falta unas palabras para romper eso que había dicho... y no le estaba sirviendo de nada. Justo en el momento en el que le dio la última calada al cigarro y preparaba el paraguas para abrirlo la puerta se abrió. Con la respiración agitada le pidió perdón por no haberle abierto la puerta, al parecer se estaba duchando. La invitó a pasar. Ella dejó el paraguas cerca de la puerta para que no se le olvidara. Se sentaron en el sofá a ver la tele. No paraba de preguntarse qué hacía allí, pero no se obsesionaba... el tenerlo al lado le era suficiente. Pasaron unos minutos interminables hasta que por fin salió un tema de conversación. Hablaron de cosas sin importancia hasta que volvió a reinar el silencio, esta vez mucho menos tiempo, pues ella se armó de valor y le preguntó por el motivo de su llamada. Él adoptó una postura menos relajada de la que tenía y miró al suelo. Ella se extrañaba ante esa actitud, nunca lo había visto así. Le puso la mano en el hombro y le preguntó si le pasaba algo. En ese momento él la miró y muy bajito le pidió que se quedara a dormir, que tenía algo muy importante que decirle. Llamó a sus padres para pedirles su consentimiento y finalmente se quedó. Comieron pizza, jugaron a la play y vieron vídeos de risa. Pero la noche no era eterna y las horas se precipitaban una detrás de otra sin aclarar qué era lo que pasaba. Ella no podía permitirse dormir sin hablar con él, así que intrépidamente buscó un papel y un bolígrafo y escribió lo siguiente: "Sé que te cuesta hablar las cosas, pero no hace falta que me digas nada más, ayer te vi comprando las pizzas que nos hemos comido hoy y alquilando el videojuego, también sé que no te habías acabado de duchar te vi llegar en la moto, aparte de todo eso, vi tu sombra por debajo de la puerta dando vueltas de un lado para otro, asomándote repetidamente para ver si me iba ", dejó el papel encima del teclado y cuando él llegó siguieron hablando como si nada. De repente se percató de la nota y empezó a leer. Una sonrisa le iluminó la cara, se acercó a ella y la besó.
El besó produjo en ellos la paz esperada, la lluvia parecía querer entrar en la habitación y fundirse con ellos. La miel que de cada uno de los labios brotaba era adictiva, había algo que los unía. La noche desencadenó lo inevitable. Las manos se deslizaron deliberadamente, la ropa sobraba, las miradas se cruzaban sin pudor alguno. El calor de los cuerpos inundaba todo, el sonido de la lluvia bailaba con el de la respiración, los relámpagos iluminaban esporadicamente los cuerpos en ebullición. Él le agarraba fuertemente los muslos, dejaba caer la mano desde el cuello hasta el ombligo, ella hincaba las uñas en su espalda, respiraba cerca de su oreja y lamía delicadamente su cuello. Las sábanas acariciaban los cuerpos desnudos a la vez que mantenía encerrado al deseo. Un sin fin de sensaciones quedaron grabadas a fuego en cada uno.
Ese fue el comienzo...
viernes, 26 de febrero de 2010
Te vas.
Caminaba la niñez por calles con rumbo indefinido... daba igual ella solo andaba. Solo se percataba de las cosas más cercanas, tiendas de ilusión y confiterías de juegos. Se sentaba en esa mesa que por entonces le parecía tan inmensa. Veía solemne el paso de las horas ya fuera por las tardes empapándose de la Pantera Rosa mientras comía galletas mojadas en leche, o esperando ansiosa a que empezara Lluvia de Estrellas, el humo que salía por detrás de cada niño- o no tan niño- cada vez que iba a cantar era sobrecogedor. Se agitaba con el ritmo más frenético de Patricia Manterola los días que le viniera en gana o bien se dejaba enredar entre los acordes de Ella Baila Sola. Dulzura y fuego se escondían en ella, elementos que una vez maduros derramaron su jugo, jugos que viajaron deliberadamente por cada vaso sanguíneo y que a su paso dejaban hebras entre las que uno se enreda junto a los recuerdos pretéritos. "Libre" era el grabado que se distinguía en la manta protectora que velaba mis sueños, aquella misma que se encuentra ahora con las esquinas oliendo a humedad y cuyo grabado es apenas apreciable, pues palabras de menor importancia se han ido adhiriendo con el paso de los años. Poco a poco, querida niñez, irás siendo destapada hasta emprender tu vuelo por esa ventana que notabas abrirse lentamente y que siempre te había llamado la atención lo que tuviera que hacer referencia a su exterior. Y ten cuidado con los vientos que te hagan tambalear y toca el suelo cuando necesites reponer fuerzas, mas no conviene quedarte estática, sólo vive hasta que encuentres la apropiada tarde de un día invernal y el lugar exacto para fenecer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


