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miércoles, 20 de julio de 2011

Era el momento

Tantos años al lado mía...¿Cuántos años han tenido que pasar para poder interpretar y valorar, a medias, a mi padre? A medias porque no hay persona lo suficientemente cualificada, con los medios suficientes para conocer del todo a naide, y porsupuesto, si ese nadie es mi padre, aun menos. En él se amalgaman infinidad de sentimientos que le son propios por el simple hecho de ser suyos, es decir, de haberlos vivido él. Interioriza cada vivencia de tal manera que terminan todas por convertise en parte de su esencia.  En él queda grabada cada circunstancia hiriente que la vida le acarrea. RECORDAR. Ahora me pregunto qué sera para mi padre recordar: volver a reproducir en su memoria y urgar en aquello que le hace daño o bien.
De la manera que fuese, el desencadenante de todo volver a atrás en el tiempo es el mismo: llanto. En el salón, el gesto que le delata la imninente afluencia de líquido ocular es inclinar ligeramente la cabeza hacia el brazo derecho de la butaca y llevarse el dedo índice un poco más arriba de la ceja. Si por el contrario está de pie, lo primero que hace "antes de", es quitarse las gafas. Sí, lo cierto es que el hombre es emotivo.
Uno de los aspectos que cada vez valoro más de mi padre es el afán de superación - una de las cualidades que Nietzsche atribuía a su "superhombre" - más lejos de que mi padre se acerque lo más mínimo a ese concepto, me veo en la obligación de: quitarme el sombrero, decirle ole, ole y ole, de gritar tres hurras por él.. y de aplaudirte incansablemente papá.
¿Qué más decir tiene? ¿Cómo ha de ser un padre para que su hijo, a la edad de once años, vea en él, y en su madre evidentemente, la seguridad y la confianza suficiente como para confesarle lo que él era? Lo mejor es que todo ha servido para que YO en todo momento sea YO, cosa que él valora mucho.
Nunca jamás se me olvidará que mi propia libertad, cosa que valoro mucho YO, empezó siendo un regalo que me dieron mis padres: mi vida.

domingo, 28 de febrero de 2010

De naturaleza indómita

Ahora mismo duerme tranquilamente, siempre que su epilepsia lo deje. Me resulta algo difícil empezar a hablar de alguien con quien has compartido cada momento de tu vida. Al igual que yo nació en primavera. Era pequeño, delgado y moreno. Como siempre la vida se encarga de ponernos dificultades y a los tres años le diagnosticaron un problema en la cadera. Tanto mi madre como mi padre acudieron a todos los médicos posibles, buscando en cada uno la mejor solución para su niño. Desde ahí, mi hermano demostró ese coraje que siempre le ha caracterizado y aguantó como un campeón los dos años que tuvo que estar varado en una cama. Finalmente se recuperó y ahora es algo que se encuentra guardado en el corazón de mis padres. Más tarde le diagnosticaron epilepsia y tuvo que seguir un tratamiento. Digo tuvo y tendrá. A pesar de todo esto mi hermano nunca perdió la sonrisa. Claras son las fotos de los álbumes en las que aún estando malo, sonreía. Ha tenido una infancia bastante completa. De vez en cuando nos desvela una de sus hazañas... todos quedamos atónitos y se comenta sin más importancia el lío en el que se podría haber metido. 
Pocas veces demuestra su cariño, pero a sabiendas de que puede resultar obvio me atrevo a decir que sé que lo hay. En ocasiones se torna un tipo de persona de estos a los que yo llamo "bromistas pesados" y cuando lo hace saca de quicio a cualquiera.
Hoy saldrá del cuatro con la cara de dormido de todos los domingos y aunque a penas crucemos palabras me reconfortaré con saber que pase lo que pase siempre nos tendremos el uno al otro.

lunes, 25 de enero de 2010

Abraham

El nombre de Abraham trajo un poco de polémica el día que nació mi sobrino. Yo quería que el niño llevara mi nombre, era algo que me hacia mucha ilusión. Menudo chasco me llevé cuando me enteré de que en la urna en la que se echaron los papeles con los posibles nombres, ni siquiera habían metido el mío. Me enfadé un poco, la verdad, tenía 12 años. Esta historia va a cumplir cinco años el seis de abril. Parece que fue ayer cuando mi madre tenía que agarra muy bien al niño en el momento de la ducha, y ahora... ¡ venga niño pa' arriba, venga niño pa' abajo! Yo tenía la ilusión de enseñarle a tocar las palmas y por lo que día a día voy observando, tendré que ir descartando esa idea. Le encanta hacer puzzles con su abuelo, bajar a la calle con la pelota o con el patinete. a veces me sorprendo del aguante que tienes los niños. Es capaz de ir corriendo, riéndose y al final de la carrera gritar... !ABUELAAAAAAAAAAAAAAAAA! Es increíble. Tengo que admitir, que muchas veces nos peleamos. La mayoría de las veces yo lo "pico" un poco, porque me encanta cómo se pone, pero claro, después va sin pensárselo a la abuela añadiéndole a la historia un toque que me hace quedar mal a mí. Y dicen que ni los niños ni los borrachos mienten... A pesar de todo, es capaz de llenarme el corazón de alegría solamente con decirme "Buenos días tato". Mi rubio (L)